“VIOLENCIA DE GÉNERO”

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Introducción.

La expresión violencia de género[1]  hace referencia a aquella que es ejercida por el hombre contra su mujer, pareja o expareja, por móviles machistas.

Específico de esta violencia es el móvil del maltratador que no pretende matar a la mujer, sino “someterla”, “anularla”, “dominarla” como si fuera objeto de su propiedad.

Dicha violencia  no se contempla en los delitos de homicidio y asesinato, para agravar las penas.

Su régimen legal en el Código Penal español, características:

  1. Discriminación positiva a favor de la mujer. La misma conducta tiene tipificación más grave si la realiza el varón.
  2. Posibilidad de acordar para el hombre, como medida cautelar prisión provisional, aunque el hecho constituya una infracción leve.
  3. El órgano jurisdiccional asume ex lege la competencia del juez de lo civil para dictar medidas provisionales.

Datos criminológicos.

La baja tasa de denuncias se explicaba por falta de independencia económica de la mujer, miedo a represalias,  creer en el arrepentimiento del agresor, los hijos y ciertos estereotipos que veían los malos tratos como problema interno y doméstico de muchas parejas. Actualmente, se han incrementado las denuncias. Pasamos de la cultura de “resignación” de la mujer, a la cultura de reivindicación y denuncia, pero lamentablemente con abundantes renuncias[2].

El 15% de la población femenina ha experimentado este tipo de violencia alguna vez. Más del 70% de mujeres agredidas siguen conviviendo con el agresor.

Grave es el impacto que estos episodios producen en los hijos, que de este modo aprenden y en muchos casos consolidan patrones de conducta violentos.

La mujer vive con especial dramatismo esta violencia. El impacto psicológico del maltrato suele conocerse como síndrome de la mujer maltratada.

Los casos de muerte de la mujer se aproximan a 70 anuales, superándonos los países nórdicos.

El ciclo de la violencia.

Tiene su gestación mucho antes de que surjan  crisis graves en la pareja. Es habitual que durante el noviazgo[3]  se encendieran algunas alarmas que la mujer “pasó”  (control del teléfono, forma de vestir, horarios, etc.).

Ciertas situaciones incrementan los episodios violentos. Así,  anuncio de separación, presentación demanda de divorcio, abandono o comienzo de relación con un tercero.

La agresión no produce compasión hacia la mujer, todo lo contrario, “fortalece” el machismo del maltratador, que exigirá más sumisión de la mujer, sometimiento y anulación.

La prevención.

Es necesario mejorar la información de la víctima, que sepa dónde acudir y que derechos tiene. Planes integrales de intervención que mejoren la ayuda y corrijan las carencias del sistema, en todos sus ámbitos,  como prevención, asistencia sanitaria[4], psicológica, policial, judicial, etc. Cualificación y profesionalización especializada en los prestadores de dichos servicios.  Reformas de la normativa legal sobre la violencia de género.

[1] A. García-Pablos de Molina, Criminología. Una introducción a sus fundamentos teóricos  (Valencia: Tirant lo Blanch, 2016), 194 y ss.

[2] E. Larrauri, “¿Por qué retiran las mujeres maltratadas las denuncias?”, Revista de derecho penal y criminología, UNED, 2ª época, 12 (2003): 271-307.

[3] F. Rubio-Garay, M.A. López-González, L.A. Saúl, A. Sánchez y E. Paniagua, “Direccionalidad y expresión de la violencia en las relaciones de noviazgo de los jóvenes”, Acción psicológica, vol. 9, 1 (2012): 61-70.

[4] M. Lorente Acosta, “Medicina legal y forense y violencia de género”, Revista española de medicina legal: órgano de la Asociación Nacional de Médicos Forenses, vol. 36, 3 (2010): 91-92.

La “prevención situacional”

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La “prevención situacional” abarca una serie de teorías que contemplan el crimen como opción racional, utilitaria e instrumental. Parte de la selectividad del crimen, el delincuente busca el espacio, momento, víctima propicia, etc. La prevención ha de incidir en neutralizar aquellas situaciones de riesgo que ofrecen mayor atractivo al infractor. Contempla el delito como opción reflexiva, calculada, ponderando riesgos y beneficios[1]. En España destaca como teórico de las teorías criminológicas de la prevención situacional J.J. Medina Ariza[2].

Prescinden estas teorías del análisis “etiológico” del crimen, del examen de sus “causas”, centrando su atención en las variables tiempo, espacio y situacionales que estadísticamente se muestran más relevantes.

La teoría de la “prevención situacional” tuvo su origen en 1976, con motivo del análisis llevado a cabo por el británico Home Office, sobre el método de suicidio preferido por los británicos, constatando que cuando el gas tóxico fue sustituido en sus domicilios por el gas natural, su número disminuyó significativamente y no buscaron otra forma alternativa para poner fin a sus vidas. Lo mismo sucedería con el sujeto dispuesto a delinquir si se modifica el escenario escogido para hacerlo.

Según el modelo situacional de Cohen y Felson[3] el crimen se produce cuando convergen en tiempo y espacio tres elementos: la presencia de un delincuente motivado, un objetivo alcanzable y la ausencia de un guardián capaz de prevenir su comisión.

El modelo de “prevención situacional” ha desarrollado una amplia variedad de estrategias o técnicas de prevención[4]. Entre otras:

  1. Incrementar la percepción del esfuerzo requerido para cometer un determinado delito. Por ejemplo: control de accesos, prohibición de armas, etc.
  2. Incrementar la percepción del riesgo. Así, personal de seguridad, cámaras de vigilancia, etc.
  3. Reducir las ganancias del delito, por ejemplo dificultando la venta en el mercado negro mediante marcas en el producto que señalen su propietario. Incluso la “eliminación del beneficio”, mediante claves o códigos que impidan su uso.
  4. Incrementar los sentimientos de culpabilidad del infractor. Por ejemplo: campañas de sensibilización de conducción bajo la influencia del alcohol.

Cabe señalar que las variables espacio, tiempo y situacionales, no tienen la misma influencia en las distintas formas del crimen.

[1] J. Bernal del Castillo, “Prevención y seguridad ciudadana. La recepción en España de las teorías criminológicas de la prevención situacional”, Revista de derecho penal y criminología, UNED, 3ª época, 9 (2013): 267-304.

[2]  J.J. Medina Ariza, “El control social del delito a través de la prevención situacional”, Revista de derecho penal y criminología, UNED, 2 (1998): 281-326.

J. Bernal del Castillo y M.M. Gonzáles Tascón, “Medidas de prevención situacional en la nueva cultura del ocio juvenil”, Revista de derecho penal y criminología, UNED, 1 (2009): 215-260.

[3] L.E. Cohen y M. Felson, “Social Change and Crime Rate Trends: A Routine Activity Approach”, American Sociological Review, vol. 44 (1979): 588-608.

[4] D. Schulman, “Estrategias de prevención del delito más allá de la pena”, Quadernos de criminología: revista de criminología y ciencias forenses, 17 (2012): 34-37.